Greenpeace continúa su lucha incansable por evitar el creciente deterioro de las costas españolas. En su más reciente informe destaca que el habitat de cerca del 60 % de la población que vive en las costas, más 50 millones de turistas que la visitan anualmente, está sufriendo un proceso irreversible de destrucción que no ha parado ni la crisis inmobiliaria.
El infome destaca como además de la incontrolada urbanización masiva se suma la creciente proliferación de instalaciones porturarias, tanto puertos deportivos como comerciales que dañan irreversiblemente la dinámica del litoral.
Desgraciadamente en el análisis se culpa del problema a la masificación turística que sufre España. Razón que ya hemos discutido en este blog y que es sólo el efecto de la especulación inmobiliaria que por décadas ha prevalecido. Sin ánimos de justificar al sector turístico, encuentro mucho más preocupación por rectificar este fenómeno en sus agentes, que en las autoridades públicas máximas responsable del cuidado del patrimonio natural y cultural público.
Más allá, la ONG denuncia “las actitudes y políticas observadas tanto por la Dirección General de Costas y algunas Comunidades Autónomas, ensombrecen el paisaje litoral. Las actuaciones del Ministerio de Medio Ambiente no presagian un futuro muy halagüeño para nuestras costas, sirva como ejemplo la modificación de la Ley de Costas, que se realizó en diciembre de 2002 encubierta dentro de la Ley de acompañamiento de los presupuestos generales del Estado, y que fue aprobada gracias a la mayoría del Partido Popular. La modificación aprobada, diseñada al servicio de las empresas constructoras, echa más leña a la hoguera de la especulación urbanística, olvidándose completamente de la protección y conservación de nuestras dañadas y frágiles costas.”
Asistimos así a la muerte lenta pero imparable de uno de nuestros principales recursos.



