De forma general todas las definiciones de destino turístico apuntan al territorio que es capaz de atraer, de modo más o menos constante, corrientes turísticas, a la vez que su economía refleja ingresos considerables por estas corrientes y su entorno se adecua a las necesidades básicas de los turistas en interacción con la población local….
Para que un territorio con atractivos turísticos llegue a la categoría de destino turístico debe lograr:
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La posesión de unos recursos turísticos atractivos
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La existencia de una oferta apropiada de alojamientos y de restauración para cubrir las necesidades de los turistas;
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La existencia de una oferta mínima de oferta de bienes y servicios turísticos complementarios (oferta turística complementaria)
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El desarrollo adecuado de unas infraestructuras y equipamientos generales;
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Disponer de una dotación suficiente de infraestructura de apoyo a la actividad turística;
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Tener una presencia apropiada en los canales de comercialización turísticos como para garantizar las visitas de los turistas….
Siendo así, posiblemente, la foto que encabeza este post pertenece a un territorio catalogado como un destino turístico.
Por lo que se aprecia es evidente que atrae importantes corrientes turísticas, es de suponer que la acogida de tantos turistas genere y haya generado importantes recursos económicos para la región, pero por la evidente presencia masiva de bañistas, no parece que el entorno esté suficientemente bien acondicionado para recibir tantos turistas, ni tampoco que la interacción con la población local sea una experiencia satisfactoria tanto para los visitantes como para sus anfitriones, sino más bien todo lo contrario. Entonces: es éste un destino turístico? Sí y no. Sí porque hay miles de personas “disfrutando” del sol y la playa y no porque a todas luces el intercambio de valor por esta actividad humana no es satisfactorio.
Entonces, ¿qué es lo que falla? ¿Cómo puede un territorio con atractivos turísticos potenciales ponerlos en valor, para generar recursos económicos que mejoren el nivel de vida de la población local, además de ser una experiencia satisfactoria para los turistas?
¿Cómo podemos proteger nuestros recursos naturales, culturales, patrimoniales, para que además de generar valor conserven sus valores intrínsecos sosteniblemente?
¿Es irremediablemente cíclico que los destinos turísticos tienen que desembocar siempre en un periodo de obsolescencia hasta que los turistas y la propia población autóctona lo abandonen definitivamente? Vale la pena promover una actividad humana así? Qué tendríamos que hacer?


