Hacia la Planificación Turística 2.0 (I)
La Planificación Turística de los Destinos Turísticos, en el sentido tradicional de su concepción tiene muchos detractores. El sólo hecho de su mención atrae comentarios vinculados a la rigidez, la intervención y la falta de dinamismo. Es, como dicen algunos, una camisa de fuerzas que limita la necesaria creatividad en la puesta en valor de los recursos. Un poco, esta afirmación viene dada porque se ha asociado con ser una función única de la Administración Pública en un ambiente que preconiza el libre mercado.
Y es que las fórmulas tradicionales de “planificar” han tenido un enfoque lineal, rígido, poco transparente y en gran medida intervencionista. Se ha confundido la Planificación Turística con la necesaria Ordenación Territorial.
En otra época, en España, se han lanzado iniciativas como los Planes de Dinamización Turística, o los de Excelencia, comandados por la Administración, que se han convertido en verdaderos concursos para ver que proyectos se lleva el bote al agua de una buena financiación del Estado o de la Administración autonómica. Hoy cuando estos programas han llegado a su término, poco se puede hablar de duradero en sus resultados y tampoco de cómo se han utilizado estos fondos aportados por los propios contribuyentes.
Ahora con el actual Ejecutivo español, se abre una nueva etapa titulada como en el recambio de los coches viejos: Plan Renove…. más de lo mismo?
Muchos autores reconocen que el liderazgo en la función de la Planificación Turística de los Destinos Turísticos debe recaer en la Administración Pública. Pero si examinamos la jerarquía que la función pública de atención al turismo tiene, en la mayoría de los municipios que son a su vez importantes destinos turísticos, esta es la quinta rueda. En el mejor de los casos hay un técnico que se ocupa de la actividad y de los encargados de las Oficinas de Información Turística local que ponen toda su ilusión en su misión, pero no más allá. Hay estudios que han podido demostrar que en algunos consistorios el turismo es atendido por un secretario o regidor con más de siete funciones diferentes.
La participación de los demás agentes del sector turístico es también muy pálida. Al sector privado se acude más que todo pensando en la necesidad de fuentes de inversión. Cuando conversas con los gestores de las empresas sobre el tema, invariablemente te contestan que de la infraestructura se debe y se tiene que ocupar la Administración. Y aunque llevan razón en alguna medida, el negocio turístico es de tal naturaleza que sin infraestructura no hay recurso turístico puesto en valor.
Y en las condiciones actuales, cómo participa la población local?. Si tomamos en consideración que un destino turístico es también el lugar habitual de residencia de su pobladores, la planificación del destino les impacta directamente en su calidad de vida. Mecanismos para lograr la participación de la población local en el proceso de Planificación Turística, existen y con probada eficacia, pero no se aplican por el temor al rechazo a una actividad que en muchos casos les excluye. Tampoco es clara la aportación económica directa de la actividad, más allá de la creación de puestos de trabajo, en un sector en que los recursos humanos no están bien remunerados.
Y que decir de la participación de los turistas? Al no ser la participación indirecta, en los destinos que dependen de que sus visitantes vengan a través de los turoperadores, en que hay alguna exigencia por unos niveles de prestaciones para garantizar la venta de sus “paquetes” y de alguna información que se recoge en las Oficinas de Información Turística, poco se sabe o se atiende de sus necesidades y preocupaciones. Muchos directivos de la actividad turística se preguntan si realmente los turistas deben participar en el diseño de un programa de reanimación del destino.
Nos enfrentamos así a una configuración del Destino Turístico en la que confluyen los intereses de cuatro tipos de agentes, a saber, la Administración Pública, el Sector Privado, la Población Local y los Turistas, con intereses comunes sobre como organizar el destino y que cada uno anda por su lado, sin que se aproveche la sinergia de su participación en un modelo consensuado.
Entonces, dónde está el problema? Porque en medio de una tendencia creciente al declive de muchos de nuestros destinos, especialmente los de sol y playa, no se logra retomar de forma dinámica proyectos de planificación turística que posicionen con competitividad sostenible estos destinos?



