La innovación disruptiva se define como la innovación de naturaleza discontinua o revolucionaria. Es lo contrario del concepto de innovación evolutiva o incremental. Al romper paradigmas transforma la demanda y necesidades de un mercado, añadiendo valor a los consumidores con la aportación de un nuevo concepto.
Es especialmente útil en la estrategia de desarrollo de nuevos productos y servicios, pero también puede aplicarse a todos los procesos del negocio, a su gestión y al propio liderazgo empresarial.
El Ciclo de Gestión de la Competitividad Empresarial ofrece múltiples oportunidades para innovar disruptivamente del cual pueden surgir enormes posibilidades de diferenciación y de ventajas competitivas.
En el centro de la innovación disruptiva está la información, obtenida, analizada y procesada a partir de las numerosas fuentes de interacción que permiten hoy el auge de las redes sociales.
El contexto económico actual, como destaca la CEDE, es un buen momento para promover la innovación disruptiva. Todos coinciden que la salida de la crisis económica actual aportará nuevos modelos de gestión y de productividad. Como señala Juan Freire, los modelos econométricos y la predicción de la evolución de las economías, suelen confundir la importancia de los modelos como reflejo de los patrones de evolución de fenómenos históricos con la capacidad de predecir el futuro. Los modelos teóricos suelen ser útiles cuando el futuro no es demasiado distinto al pasado (cosa cada vez menos segura), y se podría decir que esta forma de abordar el futuro es como conducir un coche mirando el espejo retrovisor.
¿Quiere decir que la innovación incremental no tiene futuro? Todo lo contrario. Precisamente los eventos disruptivos y revolucionarios acelerarán los procesos y programas de I + D + I de las empresas.
Es ver la innovación desde otro ángulo: más al alcance de todos y más vinculada a la vida misma. Más en la búsqueda de soluciones que aporten valor a los clientes y menos en costosos esquemas rígidos planificados. Indiscutiblemente que la estrategia tecnológica y de gestión del conocimiento adoptada por la empresa, de inminente valor incremental, facilita este proceso.


